One Hit Wonder,
Rangel, Joselo, 2015.

INDIE
Caín y Abel llegaron al estudio con una canción nueva cada uno, tal como Dios, el productor de su primer disco, les había pedido. La de Caín era agresiva, machacona, con unas disonancias deliciosas que se instalaban en el cerebro apenas las oías. Y Dios vio que era buena, pero cuando escuchó la balada con la que llegó Abel, se olvidó de todo y pasaron el día grabándola, haciendo a un lado la de Caín.
Al salir del estudio a altas horas de la noche, Caín tomó su guitarra y, como si fuera un mazo, le partió con ella la cabeza a su hermano.
Al otro día, Dios le preguntó a Caín por Abel, y este dijo:
-No lo sé, ¿acaso es mi obligación cuidar de él? Capaz que se dio un pasón de tan feliz que estaba por haberte agradado con su baladita.
Dios sabía lo que había hecho, así que lo corrió del estudio y lo castigó diciéndole:
- Jamás de los jamases, ninguna disquera te va a firmar.
-Al cabo que ni quería -dijo Caín dolido, antes de azotar la puerta.
Así nació el primer artista independiente de la historia.
ONE HIT WONDER
Lo descubrieron por casualidad. un día estaban ensayando, tocaban tan compenetrados que se borraron las barreras de la realidad y aparecieron en otra época: habían viajado en el tiempo.
Al principio se espantaron pero, poco a poco, fueron tomándole gusto: ver de primera mano lo que los demás estudiaban en libros de historia resultaba, por lo menos, entretenido. El único inconveniente era que ellos no podían decidir dónde iban a aparecer la siguiente vez que se pusieran a tocar en serio, entregando el alama. Por lo tanto, no podían regresar a casa. Ya llevaban tiempo vagando y, hasta ahora, no le habían atinado a su época.
El grupo no se podía separar porque en solitario la magia no surtía efecto: o tocaban todos o el viaje no ocurría. Eran una máquina del tiempo y, cada uno, un engrane necesario para su funcionamiento. Lo que más les frustraba, además de no poder regresar, era no probar las mieles del éxito.
Sabían que eran tan buenos hasta el punto de reorganizar la continuidad del espacio-tiempo, pero no había aplausos, fama, gritos, grupis, dinero, giras.
Fue al tecladista a quien se le ocurrió: si no iban a poder disfrutar de la fama, al menos imprimirían su huella en la historia de la música dejando sus canciones diseminadas por aquí y por allá.
En los sesenta se metieron a grabar en un estudio y, al terminar la canción, desaparecieron. Grabaron otra en los setenta. El ingeniero quedó estupefacto, pues donde antes había una banda construyendo un hit, ahora no había nadie. Hicieron lo mismo en los ochenta, en los noventa, en los dos mil.
No han vuelto a casa, pero al menos sonríen cuando escuchan a la gente preguntarse: "¿Qué habrá pasado con esa banda desconocida que sólo logró un éxito de radio? ¿Por qué en la historia de la música hay tantos grupos one hit wonder?" La banda que viaja en el tiempo sabe que no son muchos, sólo uno: ellos.
Caín y Abel llegaron al estudio con una canción nueva cada uno, tal como Dios, el productor de su primer disco, les había pedido. La de Caín era agresiva, machacona, con unas disonancias deliciosas que se instalaban en el cerebro apenas las oías. Y Dios vio que era buena, pero cuando escuchó la balada con la que llegó Abel, se olvidó de todo y pasaron el día grabándola, haciendo a un lado la de Caín.
Al salir del estudio a altas horas de la noche, Caín tomó su guitarra y, como si fuera un mazo, le partió con ella la cabeza a su hermano.
Al otro día, Dios le preguntó a Caín por Abel, y este dijo:
-No lo sé, ¿acaso es mi obligación cuidar de él? Capaz que se dio un pasón de tan feliz que estaba por haberte agradado con su baladita.
Dios sabía lo que había hecho, así que lo corrió del estudio y lo castigó diciéndole:
- Jamás de los jamases, ninguna disquera te va a firmar.
-Al cabo que ni quería -dijo Caín dolido, antes de azotar la puerta.
Así nació el primer artista independiente de la historia.
ONE HIT WONDER
Lo descubrieron por casualidad. un día estaban ensayando, tocaban tan compenetrados que se borraron las barreras de la realidad y aparecieron en otra época: habían viajado en el tiempo.
Al principio se espantaron pero, poco a poco, fueron tomándole gusto: ver de primera mano lo que los demás estudiaban en libros de historia resultaba, por lo menos, entretenido. El único inconveniente era que ellos no podían decidir dónde iban a aparecer la siguiente vez que se pusieran a tocar en serio, entregando el alama. Por lo tanto, no podían regresar a casa. Ya llevaban tiempo vagando y, hasta ahora, no le habían atinado a su época.
El grupo no se podía separar porque en solitario la magia no surtía efecto: o tocaban todos o el viaje no ocurría. Eran una máquina del tiempo y, cada uno, un engrane necesario para su funcionamiento. Lo que más les frustraba, además de no poder regresar, era no probar las mieles del éxito.
Sabían que eran tan buenos hasta el punto de reorganizar la continuidad del espacio-tiempo, pero no había aplausos, fama, gritos, grupis, dinero, giras.
Fue al tecladista a quien se le ocurrió: si no iban a poder disfrutar de la fama, al menos imprimirían su huella en la historia de la música dejando sus canciones diseminadas por aquí y por allá.
En los sesenta se metieron a grabar en un estudio y, al terminar la canción, desaparecieron. Grabaron otra en los setenta. El ingeniero quedó estupefacto, pues donde antes había una banda construyendo un hit, ahora no había nadie. Hicieron lo mismo en los ochenta, en los noventa, en los dos mil.
No han vuelto a casa, pero al menos sonríen cuando escuchan a la gente preguntarse: "¿Qué habrá pasado con esa banda desconocida que sólo logró un éxito de radio? ¿Por qué en la historia de la música hay tantos grupos one hit wonder?" La banda que viaja en el tiempo sabe que no son muchos, sólo uno: ellos.
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