Las Batallas en el Desierto
Pacheco, José Emilio, 1981
Mariana cruzó las piernas. Por un segundo el kimono se entreabrió levemente. Las rodillas, los muslos, los senos, el vientre plano, el misterioso sexo escondido.
- ya de una vez, señora, y perdóneme - es que estoy enamorado de usted.
Pensé que iba a reírse, a gritarme: estas loco. O bien: fuera de aquí, voy a acusarte con tus padres y con tu profesor. Temí todo esto: lo natural. Sin embargo Mariana no se dignó ni se burlo. Se quedó mirándome tristísima. Me tomó la mano (nunca voy a olvidar que me tomó la mano) y me dijo:
Pacheco, José Emilio, 1981

Mariana cruzó las piernas. Por un segundo el kimono se entreabrió levemente. Las rodillas, los muslos, los senos, el vientre plano, el misterioso sexo escondido.
- ya de una vez, señora, y perdóneme - es que estoy enamorado de usted.
Pensé que iba a reírse, a gritarme: estas loco. O bien: fuera de aquí, voy a acusarte con tus padres y con tu profesor. Temí todo esto: lo natural. Sin embargo Mariana no se dignó ni se burlo. Se quedó mirándome tristísima. Me tomó la mano (nunca voy a olvidar que me tomó la mano) y me dijo:
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