Sartori, Giovanni, 1997

La primacía de la imagen.
1. Homo sapiens.
La capacidad simbólica de los seres humanos se despliega en el lenguaje. Digamos que el hombre es un animal parlante, y que ésta es la característica que lo distingue radicalmente de cualquier especie de ser viviente.
2. El progreso tecnológico.
Estamos pasando, a una edad <<multimedia>> en la cual, como su nombre indica, los medios de comunicación son numerosos y la televisión ha dejado de ser la reina de esta multimedialidad. El nuevo soberano es ahora el ordenador. La televisión nos muestra imágenes de cosas reales, es fotografía y cinematografía de lo que existe. Por el contrario, el ordenador cibernético nos enseña imágenes imaginarias. La llamada realidad virtual es una irrealidad que se ha creado con la imagen y que es realidad sólo en la pantalla.
3. El vídeo-niño.
Nuestros niños ven la televisión durante horas y horas, antes de aprender a leer y escribir. La verdad es que la televisión es la primera escuela del niño (la escuela divertida que precede a la escuela aburrida).
El mensaje con el cual la nueva cultura se recomienda y se auto-elogia es que la cultura del libro es de unos pocos -es elitista-, mientras que la cultura audio-visual es de la mayoría. Pero el número de beneficiarios -sean minoría o mayoría- no altera la naturaleza ni el valor de una cultura.
4. Progresos y regresiones.
Es cierto que la televisión entretiene y divierte: el homo ludens. Pero este dato positivo concierne a la <<televisión espectáculo>>.Si la televisión transforma todo en espectáculo, entonces la valoración cambia: el empobrecimiento de la capacidad de entender.
5. El empobrecimiento de la capacidad de entender.
El homo sapiens debe todo su saber y todo el avance de su entendimiento a su capacidad de abstracción. Casi todo nuestro vocabulario cognoscitivo y teórico consiste en palabras abstractas que no tienen ningún correlativo en cosas visibles, cuyo significado no se puede trasladar ni traducir en imágenes.
La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender.
6. Contra-deducciones.
La tesis es que el hombre que lee y el hombre que ve, la cultura escrita y la cultura audio-visual, dan lugar a una síntesis armoniosa.
Después del trabajo no queda tiempo para nada más. Siete horas de televisión, más nueve horas de trabajo (incluyendo los trayectos), más seis o siete horas para dormir, asearse y comer, suman veinticuatro horas: la jornada está completa.
7. Internet y <<cibernavegación>>.
Hace apenas 50 años de su aparición, la televisión ya ha sido declarada obsoleta. Las nuevas fronteras son Internet y el ciberespacio, y el nuevo lema es <<ser digitales>>. El televisor es un instrumento monovalente que recibe imágenes con un espectador pasivo que lo mira, mientras que el mundo multimedia es un mundo interactivo (de usuarios activos) y polivalente (de multiple utilización) cuya máquina es un ordenador que recibe y transmite mensajes digitalizados.
El problema es si Internet producirá o no un crecimiento cultural. En teoría debería ser así, pues el que busca conocimiento en Internet, lo encuentra. La cuestión es qué número de personas utilizarán Internet como instrumento de conocimiento. El ninño que se inicia con la televisión, llegará a Internet y su interés cognoscitivo no estará sensibilizado para la abstracción. Sin capacidad de abstracción, es muy probable que el saber almacenado en la red permanezca inutilizado durante un largo tiempo.
La opinión teledirigida.
1. Vídeopolítica
La televisión después de haber <<formado>> a los niños continúa formando, o de algún modo, influenciando a los adultos por medio de la <<información>>. Actualmente, el pueblo soberano <<opina>> sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar.
2. La formación de la opinión.
La democracia representativa no se caracteriza como un gobierno del saber sino como un gobierno de la opinión. La televisión establece de forma diferente, para cada uno de nosotros, en quién debemos creer, quién es digno de crédito y quién no lo es.
3. El gobierno de los sondeos.
Los sondeos de opinión consisten en respuestas que se dan a preguntas (formuladas por el entrevistador). Las respuestas dependen ampliamente del modo en que se formulan las preguntas (y, por tanto, de quién las formula), y que, frecuentemente, el que responde se siente <<forzado>> a dar una respuesta improvisada en aquel momento. La mayoría de las opiniones recogidas por los sondeos es: a) débil (no expresa opiniones intensas, es decir, sentidas profundamente); b) volátil (puede cambiar en pocos días); c) inventada en ese momento para decir algo (si se responde <<no sé>> se puede quedar mal ante los demás); y sobre todo d) produce un efecto reflectante, un rebote de lo que sostienen los medios de comunicación.
Los sondeos no son instrumentos de demo-poder -un instrumeto que revela la vox populi- sino sobre todo una expresión del poder de los medios de comunicación sobre el pueblo; y su influencia bloquea frecuentemente decisiones útiles y necesarias, o bien lleva a tomar decisiones equivocadas sostenidas por simples <<rumores>>, por opiniones débiles, deformadas, manipuladas, e incluso desinformadas. En definitiva, por opiniones ciegas.
4. Menos información.
El mérito casi indiscutible de la televisión es que <<informa>>; almenos eso nos dicen. Informar es proporcionar noticias, y esto incluye noticias sobre nociones. Se puede estar informado de acontecimientos, pero también del saber. La información no lleva a comprender las cosas: se puede estar informadísimo de muchas cuestiones, y a pesar de ello no comprenderlas. Es correcto, pues, decir que la información da solamente nociones.
Por subinformación entiendo una información totalmente insuficiente que empobrece demasiado la noticia que da. Por tanto, subinformación significa reducir en exceso. Por desinformación entiendo una distorción de la información: dar noticias falseadas que inducen a engaño al que las escucha.
La información que cuenta es la que se puede filmar mejor; y si no hay filmación no hay siquiera noticia, y, así pues, la noticia no se ofrece, pues no es <<vídeo-digna>>.
El hecho de informarse requiere una inversión de tiempo y de atención; y llega a ser gratificante -es un costo que compensa- sólo después de que la información almacenada llega a su masa crítica.
5. Más desinformación.
La verdadera desinformación: no informar poco (demasiado poco), sino informar mal, distorsionado. Destacan los charlatanes, los pensadores mediocres, los que buscan la novedad a toda costa, y quedan en la sombra las personas serias, las que de verdad piensan. Se podría pensar que esto sucede porque un ataque puede resultar un espectáculo, y la televisión es espectáculo. Pero el mundo real no es espectáculo y el que lo convierte en eso deforma los problemas y nos desinforma sobre la realidad.
6. También la imagen miente.
La televisión puede mentir y falsear la verdad, exactamente igual que cualquier otro instrumento de comunicación. La diferencia es que la <<fuerza de la veracidad>> inherente a la imagen hace la mentira más eficaz y, por tanto, más peligrosa.
El video-dependiente tiene menos sentido crítico que quien es aún un animal simbólico adiestrado en la utilización de los símbolos abstractos. Al perder la capacidad de abstracción perdemos también la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso.
¿Y la democracia?
1. Vídeo-elecciones.
La televisión personaliza las elecciones. En pantalla vemos personas y no programas de partido. Cuando hablamos de personalización de las elecciones queremos decir que lo más importante son los <<rostros>>. La cuestión es que la carrera presidencial se convierte en un espectáculo, y la información es un residuo.
2. La política vídeo-plasmada.
Cuanto más local se hace la política, más desaparece la visión y la búsqueda del interés general, del bien de la comunidad: una operación en la que todo son pérdidas.
3. La aldea global.
La televisión nos hace ver, en tiempo real, acontecimientos de cualquier parte del mundo. Cuando nos enfrentamos a un problema concreto, la aldea triunfa y se desvanece la idea de ser cualquier lugar del mundo.
En conclusión, ¿La televisión promueve una mente <<empequeñecida>> (aldealizada) o una mente <<engrandecida>> (globalizada)? No hay contradicción en la respuesta: a veces una y aveces otra, pero a condición de que no colisionen, porque si lo hacen, entonces prevalecerá la mente empequeñecida, la narrow mindedness.
4. El demos debilitado.
Democracia quiere decir, literalmente, <<poder del pueblo>>. Pero para serlo realmente, a cada incremento de demopoder debería corresponderle un incremento de demo-saber. De otro modo la democracia se convierte en un sistema de gobierno en el que son los más incompetentes los que deciden.
El hecho de que yo esté informado sobre astronomía no me convierte en astrónomo; análogamente, cuando hablamos de personas <<políticamente educadas>> debemos distinguir entre quién está informado de política y quien es cognitivamente competente para resolver los problemas de la política.
Es cierto que estar frente a la pantalla nos lleva a encerrarnos, a aislarnos en casa.
5. Regnum Hominis y Hombres Bestias.
Ya no tenemos un hombre que <<reina>> gracias a la tecnología inventada por él, sino más bien un hombre sometido a la tecnología, dominado por sus máquinas. Cada uno de nosotros sólo comprende de verdad las cosas sobre las que tiene una experiencia directa, una experiencia personal. No hay libro, ni discurso, ni representación que pueda hacer las veces de nuestro propio error. Para aprender a nadar hay que tirarse al agua.
6. La competencia no es un remedio.
Antes de proclamar que la privatización mejora las cosas, es bueno tener presente que para los grandes magnates europeos de hoy el dinero lo es todo, y el interés cívico o cultural es nulo.
Las grandes cadenas de televisión americanas se imitan de un modo excesivo, <<los medios de comunicación rivalizan en conformismo>>
7. Racionalidad y Postpensamiento.
Los pobres de mente y de espíritu han existido siempre, la diferencia es que en el pasado no contaban -estaban neutralizados por su propia dispersión- mientras que hoy se encuentran, y reuniéndose, se multiplican y se potencian.
La televisión premia y promueve la extravagancia, el absurdo y la insensatez. De este modo refuerza y multiplica al homo insipiens.
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