Primera parte: Causas de la desgracia
Competencia.
El mal no es solamente individual, y un solo individuo no podría impedirlo en su propio caso aisladamente. El mal procede de la filosofía de la vida, generalmente aceptada, según la cual la vida es lucha, competencia, y sólo se respeta el vencedor. Esto conduce al cultivo excesivo de la voluntad, a expensas de los sentidos y del entendimiento.
Nuestros modernos dinosaurios se están matando. No tienen por término medio más que dos hijos cada matrimonio; no gozan de la vida lo suficiente para engendrar hijos. Aquellos cuyo concepto de la vida no les produce alegría suficiente para engendrar hijos, están condenados a muerte.
Segunda parte: Causas de la felicidad
Tadavía es posible la felicidad.
La felicidad es de dos clases, aunque existen, desde luego, grados intermedios. A estas dos clases de felicidad yo las llamaría natural e imaginativa, o animal y espiritual, o de corazón y de cabeza.
Tal vez la manera más sencilla de definir la diferencia entre estas dos clases de felicidad sea decir que la una es asequible a todo el género humano, y la otra solamente a quienes saben leer y excribir.
Su felicidad no era debida a motivos intelectuales, no se basa en la creencia en la ley natural, ni en la perfectibilidad de las especies, ni en la socialización de la producción, ni en ninguna de las creencias que los intelectuales consideran necesarias para su vida. Se basava en el rigor físico, en la suficiencia del trabajo y en vencer toda clase de obstáculos.
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