La maestra surrealista.
Algo misterioso, profundo, inmenso, desde el comienzo de los tiempos había decidido que yo existiera. Porque deseaban mi presencia en el mundo, todas las fuerzas del universo se confabularon para que naciera. Cada ser viviente es un triunfo del deseo cósmico.
De la piel al alma.
De momento no sabes quién eres, pero te buscas con tal intencidad que hemos decidido ayudarte, nosotras, las elementales partículas de la consciencia eterna... Lo que te vamos a enseñar no es sólo para ti: la semilla se da al sembrador para que haga fructificar la tierra. Lo que te sea dado, será también para los otros. Si lo guardas, lo pierdes. Si lo das, por fin lograrás tenerlo. Hasta ahora has trabajado inmovilizando tu cuerpo al considerar que por efímero no te pertenece, cadáver donde tienes que encontrar lo que eres: un espíritu inmortal.
Como nieve en un vaso de plata.
El que tenga sólo brazos
ayudará con sus brazos
y el que tenga sólo piernas
ayudará con sus piernas
a esta magna obra espiritual
donde muchos seres
perderán su cabellera.
El trabajo sobre la esencia
¿Debo yo, diciéndote "te amo", aceptar ese indigno rol? ¿Qué deseas? Al solicitar mi amor en verdad me dices: "Como no tuve el cariño de una madre estoy confuso, perdido en la vida. El único refigio emocional que tengo eres tú. Por eso me aferro a ti. Sé autoritaria, dirígeme, poséeme, amárrame, nutre mi alma, nunca me abandones, satisface sin cesar mis deseos, diviérteme cuando me aburro, prepárame sabrosos guisos, olvídate de ti misma, admírame más que a nadie, coviértete en mi público"
Te engañas a ti mismo diciéndote que soy una proyección de esa mujer interior que llamas alma, pero de ninguna manera aceptas verme como el retrato de tu madre. Cuando me dices "yo te amo", ¿de cuál de tus múltiples "yo"
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