El Libro de los Amores Ridículos
Kundera, Milan, 2008
Kundera, Milan, 2008
Esta parte de la historia podría servir de parábola sobre la fuerza de la belleza. El señor Zaturecky, cuando vio por primera vez a Klara en mi casa, se quedó tan deslumbrado que en realidad no la vio. La belleza formó ante ella una especie de cortina impenetrable. Una cortina de luz tras la cual estaba escondida como si fuera un velo.
Es que Klara no es ni alta ni rubia. Fue la grandeza interior de la belleza, nada más, la que le dio, ante los ojos de señor Zaturecky, la apariencia de altura física. Y la luz que la belleza irradia le dio a su pelo apariencia dorada.
- La contrición -
Yo pensaba en Judas Iscariote, de quien un ingenioso autor dice que traicionó a Jesús precisamente por que creía ilimitadamente en él: estaba impaciente por ver el milagro con el que Jesús pondría en evidencia ante todos los judios su poder divino; por eso lo entregó, para provocarlo y hacerlo actuar de una vez: lo traicinó porque deseaba acelerar su triunfo.
- El mayor éxito del médico jefe -
La pareja que hemos logrado, la persona a la que le importamos y que nos ama, es nuestro espejo, la medida de lo que somos y que significamos. En el erotismo buscamos la imagen de nuestro propio significado e importancia.
... y a él le importaba mucho que el mundo estuviese satisfecho de su chica, por que sabía que, al valorarla a ella, se valoraba su elección, su buen gusto, su nivel, se le valoraba por tanto, a él mismo. Pero precisamente por tratarse de la valoración de otros, no confiaba demasiado en sus propios ojos, sino que hasta ahora le había bastado con prestar oído a la voz de la opinión general e identificarse con ella.
De lo que se trata en la vida no es, querido amigo, de conquistar la mayor cantidad posible de mujeres, por que ése es un éxito demasiado superficial. Se trata más bien de cultivar las exigencias que uno mismo se plantea, por que en ellas se refleja la medida de su propio valor. Recuerda, amigo, que el buen pescador devuelve los peces pequeños al agua.
¡Ay, señoras y señores, triste vive al hombre cuando no puede tomar en serio nada ni a nadie!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario