Tokio Blues
(Norwegian Wood)
Murakami, Haruki, 2005


-Eso de que alguien proteja eternamente a alguien... es imposible. Mira. Suponiendo, ¿he?, suponiendo que te casaras con migo... Tú trabajarías en alguna empresa, ¿no es así? ¿Quién me protegería mientras tú estuvieses en el trabajo? ¿Y quién me protegería mientras estuvieses de viaje de negocios? ¿Tengo que estar pegada a ti hasta que me muera? ¿Dónde está la igualdad? A eso no puede llamarse una relación humana, ¿no te parece? Además, cualquier día acabarías hartándote de mí. Te preguntarías: <<¿Qué es mi vida? ¿Hacer de niñera de esta mujer?>>. Yo no quiero eso. No resolvería mis problemas.



-Tus problemas no tienen por qué durar toda la vida. Algún día acabarán. Y cuando todo haya terminado, bastará con que reconsideremos el asunto. Bastará con que pensemos qué debemos hacer a partir de entonces. Y ese día tal vez seas tú quien me ayude a mí. No tenemos por qué vivir haciendo balance. Si tú ahora me necesitas a mí, me utilizas sin más.



Estoy dentro de ti. Pero, en realidad, no tiene ninguna importancia. Tanto da. No deja de ser un coito. Al poner en contacto nuestros cuerpos imperfectos, no hacemos más que contarnos lo que no podríamos contarnos de otro modo. Y así adquirimos conciencia de nuestras respectivas imperfecciones. Por supesto, éstas no son cosas que puedan expresarse fácilmente.



A su lado sólo conseguirás destrozarte los nervios. En mi opinión, es un milagro que hayas aguantado tres años con él. Por supuesto, lo aprecio a mi manera. Lo encuentro un chico interesante, tiene buenas salidas, posee un talento y una fuerza que yo jamás tendré. Pero su modo de pensar y de vivir es atípico. A veces, cuando hablo con él, tengo la sensación de estar en un círculo vicioso. Mientras él, siguiendo el mismo proceso, llega a algua parte, yo voy dando vueltas y más vueltas y siento un vacío tremendo. En resumen, nos regimos por sistemas distintos. ¿Entiendes lo que quiero decir?

No hay comentarios.: