Las Lágrimas del Centauro
Alanís, Armando, 2010


Primera Parte: Por los Cerros y los Montes

I
Una Venganza.

Él sabe esperar. También la vida le ha enseñado que para que uno se salga con la suya hay que saber esperar. También le ha enseñado que la traición hay que castigarla. Para un traidor no hay perdón.


XI
Cárcel de Piedra.

Yo tampoco me comporto como debo, no soy un buen cristiano. He cometido pecados bien gordos, la mera verdá. Pero tú me proteges como a uno de tus hijos. A ti me encomiendo, madrecita. Si me han de matar que me maten, pero quiera Dios, tu hijo, si es que existe, que alcance a vivir lo suficiente para ver el triunfo de la Revolución.


Quinta Parte: Un Rancho muy Grande

VI
La muerte no mata a nadie.

Está solo. Así, solo, caminará a su encuentro con la muerte.

Se hecha sobre el catre a dormir un poco, y más tarde vienen a despertarlo. Son las seis y media de la mañana. Su hora llegó. Una camisa deslavada, pantalón de mezclilla y tenis. Así, mal vestido, enfrentará al pelotón de fusilamiento. Sin venda en los ojos, mirando con entereza las negras bocas de los rifles.

La muerte no mata a nadie: la matadora es la suerte.


Sexta Parte: El Hombre de Canutillo

II
La vida cotidiana.

-¿Otra vez leyendo poesías, Pancho?
-Sí, vieja...
Luz mueve de un lado a otro la cabeza.
-Eres un sentimental-dice-, no tienes remedio.

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