La Despedida
Kundera, Milan, 2009
 
 
Día segundo

- Seducir a una mujer -dijo Bertlef con disgusto-, eso sabe hacerlo hasta el más tonto. Pero saber abandonarla es algo que sólo puede hacer un hombre maduro.

Día tercero

El ansia de orden es al mismo tiempo ansia de muerte, porque la vida es una permanente alteración del orden. O dicho al revés: el ansia de orden es el virtuoso pretexto con el cual el odio a la gente justifica su actuación devastadora.

¿Debería permanecer impasible viendo cómo mi descendiente se convierte en un bobo conformista? ¿O debería transmitirle mis propias ideas y verlo infeliz por tener que enfrentarse a los mismos conflictos que yo?

Día cuarto

¿Por qué no prefiere elegir a otra chica, habiendo tantas como hay en el balneario? Frantisek es más joven que Ruzena, es, por tanto, para su desgracia, jovencísimo. Cuando madure, sabrá lo efímeras que son las cosas, sabrá que tras el horizonte de una mujer se abre en seguida el horizonte de otras mujeres. Sólo que Frantisek aún no sabe qué es el tiempo. Vive desde la infancia en un mundo que permanece y no cambia, vive en una especie de eternidad inmóvil, tiene siempre el mismo padre y la misma madre, y Ruzena, que lo ha hecho hombre, lo cubre como la bóveda celeste, la única bóveda celeste posible.

Los celos llenan la mente aún más que una actividad intelectual apasionante. En la mente no queda ni un segundo de tiempo libre. Quien tiene celos no sabe qué es el aburrimiento.

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