Diario Íntimo de un Guacarróquer
Vega-Gil, Armando, 2013

... contra los malos recuerdos nada, ni el rocanrol ni el cemento, ni siquiera tomar un ADO que nos lleve muy lejos, lejos, muy lejos de aquí.
¡Pa qué mierdas gastar energía limpiándose las patas en lo que nos caga la madre! ¿Por qué no mejor invertir nuestras chingadas y flacas fuerzas en lo que nos hace vibrar machín y ajax, he?
Yo estaba equivocado, como siempre: después de todo, los muertos se quedan. Quién sabe que coños es lo que dejan, señales debajo de la alfombra en forma de arañazos, guiños en una foto, flores muertas encartadas en un libro que después de muchos años leemos por accidente o maldición, y sus ánimas desmadrozas nos jalan las patas con los recuerdos, con la sensación de hueco que nos depositan a un lado de la calle y que nada podrá llenar, porque colman los muertos el aire y nos echan sus pedos debajo de las sábanas cuando menos te lo esperabas... y uno los aspira gustoso, hasta el estiramiento del último alvéolo, hasta traer de vuelta al huido, al escapado, al que brinca la cuerda, al que nos aguarda por allí para seguir la feliz, triste, negra y guarra plática: la que nunca termina, la que comienza más allá de nosotros mismos. El último guacarrock.
Si quieres saber quiénes son tus amigos,
haz que te metan en la cárcel.
CHARLES BUKOWSKI
¡Pa qué mierdas gastar energía limpiándose las patas en lo que nos caga la madre! ¿Por qué no mejor invertir nuestras chingadas y flacas fuerzas en lo que nos hace vibrar machín y ajax, he?
Yo estaba equivocado, como siempre: después de todo, los muertos se quedan. Quién sabe que coños es lo que dejan, señales debajo de la alfombra en forma de arañazos, guiños en una foto, flores muertas encartadas en un libro que después de muchos años leemos por accidente o maldición, y sus ánimas desmadrozas nos jalan las patas con los recuerdos, con la sensación de hueco que nos depositan a un lado de la calle y que nada podrá llenar, porque colman los muertos el aire y nos echan sus pedos debajo de las sábanas cuando menos te lo esperabas... y uno los aspira gustoso, hasta el estiramiento del último alvéolo, hasta traer de vuelta al huido, al escapado, al que brinca la cuerda, al que nos aguarda por allí para seguir la feliz, triste, negra y guarra plática: la que nunca termina, la que comienza más allá de nosotros mismos. El último guacarrock.
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