Albina y los hombres-perro
Jodorowsky, Alejandro, 2009
Jodorowsky, Alejandro, 2009

-EL PRIMER DÍA -
La Jaiba, ante ese frenesí de caderazos, cayó, como expulsada de un buen sueño, hacia una realidad repelente: sintió de un solo golpe todos sus huesos y le parecieron huecos. La única médula que circulaba por ellos era una insoportable soledad... Amado comenzó a retorcerce. Él también se transformaba en perro... <<¡No, amigo, tú no! ¡No me dejes! ¡Si también me abandonas, muero!>> Peludo, hocicudo, en cuatro patas, el hombrecillo sacudió la cabeza como si quisiera desprenderse de sus largas orejas. <<Yo... tampoco... quiero... Yo... para... usted... mi... ama... Pero... perra... llamando... Ir... fornicar... necesito... Voy.>> <<¡No, carajo, no te vas! ¡Permaneceras junto amí! ¡Aún te quedan partes de hombre: tus ojos, tus manos, tu miembro! ¡Que el amor te de la voluntad! ¡Orienta tu deseo hacia mí, yo también soy una hembra!>> Y la Jaiba, desnudándose, se puso en cunclillas, apoyó la frente en el suelo y le dio la espalda. La parte perro de Amado quiso de inmedianto abalanzarse sobre ella, pero la parte hombre lo retuvo. <<Ama... no... se... sacrifique... Vuelvo... al... alba...>> <<¡Pero si no es sacrificio, te quiero entero para mí! ¡Hazme conocer por fin el amor!>>
Reteniedo su institnto bestial, Amado, después de olisquear goloso entre las nalgas, apretó bien las madibulas para impedirse lamer e introdujo con gran respeto sólo la cabeza de su miembro.
Instalado allí, frotó largo tiempo los labios, esperando paciente que éstos se cubrieran de abundante rocío. Avanzó un poco más y empujó la membrana, aumentando lentamente la presión, hasta que, reblandecida por el creciente deseo, se abrió como los pétalos de una flor. <<¡Entra entero en mí, tus formas degradadas no me dan asco; he visto tus ojos, por ellos se asomaba el alma, eso es lo que quiero!>>, le dijo la Jaiba con una melodiosa nueva voz. Amado, olvidando lo animal y concentrándose en lo poco que le quedaba de hombre, fue avanzando, milímetro por milímetro, por esa intimidad sagrada. A medida que el placer lo embargaba, placer que ella compartía con suspiros hondos, sus contornos de perro se iban esfumando. En el momento en que la vagina, con temblores de paloma recién nacida, le abrazó todo el miembro, volvió a ser por completo humano. Los dos cuerpos, cayendo de la piel al alma, giraron hasta quedar mas o menos frente a frente. Entonces la Jaiba inclinó la cabeza y estiró hacia abajo el cuello para que él pudiera besarla. Cuando sus lenguas se unieron y comenzó un recio y paradisíaco vaivén, el desierto se convirtió en mar y la nave de cemento se puso a navegar, con sedosas e invisibles velas, hasta atravesar el horizonte y perderse entre las estrellas.
- EL TERCER DÍA -
De inmediato Albina recordó las enigmáticas palabras de doña Sofocos: <<¡Ni el cerebro, ni el corazón: la piel es la que indica!>>. Comprendió el mensaje: el intelecto, trabajando con conceptos formados por experiencias pasadas, no podía prever el fututro. Tampoco el corazón era capaz de indicar el camino: los sentimientos sin control, oscuros residuos, se adherían a la flecha de la intuición y la desviaban de su meta...<<¡Mejor detener el flujo de palabras hasta sentir la mente como una concavidad negra; mejor dejar que la sangre disuelva los sentimientos hasta que cada latido parezca el tañido de una campana de cristal y, traslúcida, emerger de los huesos y de la carne para extenderme por toda la piel!>>
- EL CUARTO DÍA -
<<Mientras se les recuerda, los muertos siguen vivos. Se nutren de nuestras experiencias, comparten nuestros sueños, continúan desarrollándose, existiendo. ¡Voy!>>
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