~ Nombres ~
Pregunta ineludible.
Tras su divorcio -un cataclismo-
Nicolás ha vuelto a casarse y se escabulle de dos familias. Pablo preserva su ficción de padre y marido sin fisuras. Víctor se enamora como un búfalo de mujeres que veneran sus tormentas. Incluso Javier, el inestable y pendenciero, sigue enamorado de Laura para estar cerca de sus hijos.
¿Y tú?
Yo, como siempre: un nombre tras otro. O ninguno. Los demás me envidian. También me compadecen.
~Idea~
Yo, que no conozco -ni quiero conocer- a mis vecinos. Los individuos de nuestra raza nacemos y morimos aislados. Nada nos une. Sólo esta verdad nos acompaña.
~Parejas~
Hombre y mujer son enemigos desde que el espermatozoide y el óvulo se baten por la supremacía. Es la guerra: uno busca reproducirse y escapar, otro reproducirse y negar la huida.
Nos asediamos, nos engañamos, nos traicionamos, nos herimos, nos contagiamos, nos laceramos, nos torturamos, nos destruimos. Al final nos abandonamos. Y luego esperamos al siguiente de la fila.
~Dos~
Donde hay dos hay un abismo.
~Intercambiables~
En la guerra y en el sexo los cuerpos son interecambiables.
~Humanismo~
El terrorista no desprecia la vida, como sermonean los halcones. Sabe que es la única divisa que puede intercambiar con su enemigo. Cuando atenta contra un mercado, una plaza o una escuela no distingue nativos de extrajeros, negros de blancos, árabes de kurdos, creyentes de impíos. Más que los sabuesos que en vano lo persiguen, denuestra que todos valemos lo que un cuerpo.
El terrorismo también es un humanismo.
~Adolescencia~
Tu adolescencia sin mujeres te causó un daño irreversible, diagnosticó Ana después de hacer el amor. En nuestro cuerpo no anida el paraíso. Si sigues así tarde o temprano acabarás por destruirnos.
~Desgastan~
Todos los amores se desgastan, todos. El tiempo los corroe como un ácido. Tu rostro se vuelve anodino y al cabo aborrecible. Hay quienes se acostumbran a este horror cotidiano y su felicidad está en negarlo. Otros huimos ante el primer síntoma.
~Pecado~
¿Existe un pecado más vulgar, más siniestro, que hacer cualquier cosa, cualquiera, con tal de llagar al paraíso?
~Desinterés~
A los quince, mientras Nietzche me invadía –y yo extraviaba la fe-, decidí abjurar de aquella angustia. Racionalmente, como quien se cambia de casa o de oficina, descubrí que ya no toleraba ser como era.
A mis amigos les sorprende la aparente lucidez de aquel muchacho.
A mí me asusta.
Con el tiempo desterré algunos temores, aligeré mi carga. Para lograrlo, sustituí la extrema sensibilidad con dosis de pura indiferencia. Ahora pocas cosas me duelen o me importan, apenas aquellas que juzgo importantes o dolorosas.
El esfuerzo, creo, valió la pena. El precio: un genuino desinterés hacia los otros.
~Poder~
Aborrezco el poder y sus fantasmas y no he hecho sino dejarme seducir por sus hedores. Ana tenía razón. Una mosca fascinada con la mierda.
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